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Facultad de Artes UV: Imágenes sin imaginarios

A raíz de una exposición colectiva que se presentó en la Galería AP, Rodrigo Rafael Villanueva elabora una reflexión que trasciende la crítica de las obras y dirige su atención al epicentro del problema: la aparente deficiencia en la educación de los jóvenes aspirantes a artistas que estudian en la Facultad de Artes Plásticas.

Con este contundente pero preciso artículo, la revista nini inaugura su sección de crítica de arte, que será visitada periódicamente por invitados especiales. Los micrófonos están abiertos. La réplica no es derecho, es obligación.

 

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«Uno debe pertenecer a su época».
Honoré Daumier (1808-1879).

«El arte [...] para un artista es simplemente un medio
de aplicar sus facultades personales a las ideas
y las cosas de la época en la que vive».

 

Gustave Courbet (1819-1877).

 

«¿Esperas un tema? Todo es tema, el tema eres tú mismo, son tus impresiones, tus emociones frente a la naturaleza. Dentro de ti es donde debes mirar, y no a tu alrededor». Esto escribió el pintor romántico Eugène Delacroix en el siglo XIX, su consejo invitaba al aspirante a artista a elaborar sus obras mirando en su interior, encerrándose sobre sí mismo. El consejo de Delacroix resta importancia a la experiencia del mundo real y, de seguirse fielmente, daría como resultado una producción artística totalmente desconectada del presente.

 

Entre el 6 y el 23 de octubre del año 2015, la galería de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana presentó la exposición Procesos pictóricos, una colectiva de alumnos cuyo eje fue la producción pictórica.

 

El montaje recibía al visitante con el dibujo monocromático de una gallina colgada de cabeza sobre un fondo ocupado por figuras que recordaban ejercicios de abstracción de hace cien años. Unos pasos adelante se presentaban dos insípidos y decadentes bodegones, uno compuesto por numerosas fresas y otro en el que podía apreciarse un jarrón con flores blancas al lado de un tazón con duraznos y manzanas. Ambas imágenes transmitían muy poco técnicamente: era evidente que a las pintoras de estos cuadros no les interesó aportar algo pertinente en relación con la sociedad actual, pero se hubiera agradecido un ligero esfuerzo por realizar una mímesis digna de lo que intentaron representar.

 

El resto de las piezas expuestas se caracterizaban por una similar pobreza estética: un paisaje que mostraba una laguna en un entorno selvático, con una pequeña lancha al fondo (verdes y azules empleados de manera inexpresiva inundaban la composición volviéndola tediosa). Aun cuando la imagen tenía la pretensión de ser figurativa, los elementos simbólicos y demás recursos que dieran pauta a la contemplación, eran prácticamente inexistentes, despojándola de cualquier atractivo. La interpretación de esta pintura pobremente ejecutada se consumía al instante y no generaba ninguna reflexión; lo mismo sucedía con otros cuadros que tenían la intención de abordar el retrato y la figura humana a través de la aplicación aburrida de una gama de colores sobrios que no resultaron ser más que cúmulos de pintura aplicados sobre la tela con un oficio naciente, sin relevancia para efectos de una interpretación relevante.

 

Procesos pictoricos

 

En la producción artística actual, las características formales de la imagen (composición, equilibrio, armonía, etc.) no son fundamentales para valorar su pertinencia. El arte conceptual demostró incluso que puede prescindirse del objeto en sí, ya que la experiencia comunicativa también es susceptible de desarrollarse a través de ideas y sensaciones que se detonan en la mente del espectador tras el encuentro con una significativa propuesta artística. Es lamentable que detrás de la exposición no se vislumbraran planteamientos intelectuales y críticas con aporte sociocultural. Parece que la única pretensión de la muestra fue la de exhibir el trabajo que se produce sin una dirección clara, «hacer por hacer», sin importar el contenido: la nociva idea de que el arte no es un medio, sino un fin en sí mismo.

 

La mayoría de las piezas en Procesos pictóricos resultaron ser únicamente ejercicios de clase, ensayos pictóricos resultantes de la ocurrencia, el chidismo, el facilismo y la producción irreflexiva de imágenes sin un sentido claro de comunicación con el otro.

 

Lejos de elaborar una crítica de la exhibición presentada en la Galería AP, quiero aprovechar la coyuntura para iniciar una reflexión más profunda. Las carencias formales y conceptuales reflejadas en estas obras no son más que un síntoma de una serie de problemas mayores que tienen tomada a la Facultad de Artes Plásticas. El epicentro de la crisis no es la Galería, sino el salón de clases, el problema está en la manera en que se imparte la educación y los valores creativos que se promueven en los talleres y los espacios expositivos de la misma Facultad. Por ello quiero colocar sobre la mesa las siguientes consideraciones.

 

Académicos y autoridades

 

Es importante abrir canales de diálogo entre estudiantes y académicos para generar una reflexión crítica colectiva al interior de la comunidad de la Facultad de Artes Plásticas. Si el plan de estudios tiene fallas, ¿por qué no proponer mejoras? Si el perfil de ingreso es incompatible con las dinámicas actuales del quehacer artístico, ¿qué condiciones estamos esperando para replantearlo?. El reajuste implicaría que materias que ahora son opcionales –como Arte y posmodernidad, Artes conceptuales, Filosofía del arte, Ilustración digital y Estrategias didácticas, por mencionar algunas– pasaran a ser obligatorias, a fin de cuentas, ¿bajo qué criterios son consideradas prescindibles en la formación de los estudiantes?

 

La reflexión rebasaría el plano académico y se concentraría en la trayectoria de los profesores. Esto significaría una revisión crítica de su quehacer profesional, práctico y teórico. Es evidente que hay maestros comprometidos que se interesan por impulsar versiones pedagógicas propositivas y que se suman a la tarea de cuestionar y erradicar criterios arcaicos en torno a las dinámicas artísticas, no obstante, son los menos. Valdría la pena preguntarse si el resto de los profesores siguen produciendo y, si sí, de qué proyectos forman parte, en qué colectivos se han involucrado y qué investigaciones han publicado.

 

El circuito expositivo

 

No considero necesario saber de quién fue la iniciativa de organizar la exposición, lo importante es que la Galería AP aceptó montarla. Esta decisión genera una serie de interrogantes: ¿cuáles son las posturas de creación que promueve la Galería AP?, ¿bajo qué argumentos puede defender el hecho de arropar paisajes, retratos que se agotan en el sujeto representado, bodegones que dicen nada y ejercicios de clase que ni técnica ni conceptualmente gozan de la calidad que uno esperaría de aquellos que aspiran a convertirse en profesionales de las artes visuales?

 

La Galería AP es el principal espacio donde la comunidad de la Facultad de Artes Plásticas puede exhibir su producción artística, sus decisiones curatoriales implican la promoción de valores estéticos e ideológicos entre los estudiantes –e incluso entre los aspirantes–. En este sentido, ¿qué proyecta la Galería hacia el interior de la institución y qué proyecta hacia el exterior con el montaje de muestras como Procesos pictóricos?, ¿no debería destinarse este espacio a la exhibición de expresiones emergentes más propias de la actualidad?

 

Cabría aclarar que la deficiencia artística de la muestra no fue solo responsabilidad de los alumnos que participaron en ella –algunos de semestres iniciales, que debido a la cuestionable formación académica, podrían no advertir que su obra carece de la calidad suficiente–, sino también del comité de selección y su principio acrítico de justificar la selección de las piezas a partir de sus valores formales (estructura, armonía y geometrismo) –a veces inexistentes– que se pretendieron evidenciar montando, al lado de los cuadros, pequeñas cédulas que indicaban inciertas líneas de composición.

 

El modelo educativo y el aula

 

Como señalé con anterioridad, pareciera que el propósito de la muestra fue exhibir los resultados en materia de pintura por parte de alumnos de la Facultad de Artes Visuales. En este sentido vale la pena preguntar qué está ocurriendo en las clases en las que supuestamente se ejercitan los procesos técnicos (es decir, el lenguaje de los materiales y la práctica constante de los mismos). ¿Cuánta importancia se da en clases a los contenidos teóricos (paradigmas estéticos, históricos, filosóficos, sociales, artísticos) que deberían dar sentido y pertinencia a las expresiones pictóricas?, ¿cuáles son las nociones de crítica y autocrítica –constructiva o destructiva– que se practican en el interior de la comunidad estudiantil? y, sobre todo, ¿por qué sobreviven en la universidad criterios visuales e ideológicos obsoletos (como el del «arte por el arte»)?

 

En la Facultad hay materias que abanderan una postura reflexiva en torno a la producción visual. Sin embargo, en la mayoría de las aulas no se está procurando el intercambio de opiniones y experiencias, mucho menos el cuestionamiento hacia las producciones artísticas propias y ajenas. Pareciera haber un consentimiento tácito en los procesos creativos individuales, acentuado por una especie de conformismo paternalista en algunos profesores que no han actualizado sus métodos de enseñanza. Juan Acha denominó a estos procesos agotados como «criterios residuales de la formación artística», y consisten en métodos educativos que siguen patrones del pasado que ya no tienen sentido para la forma de concebir el mundo y el arte en nuestro tiempo. El resultado de esta amalgama de desaciertos es un desarrollo educativo-creativo estéril y desarticulado.

 

Mi intención con este texto es llamar la atención de la comunidad de Artes Visuales y promover una reflexión crítica en torno a los procesos de enseñanza-aprendizaje que permitan, a la larga, mejorar la calidad de la producción artística local.