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Albert «Tootie» Heath: La fortuna de la excepción

Cuando el jazz apuesta por adquirir una estructura completamente orgánica, es inevitable pensar en él como un cuerpo con su esqueleto siempre cambiante según su alineación. El solista a la cabeza o la sección rítmica funcionando también como un complejo sistema muscular que da impulso y sostiene cada movimiento del conjunto. Ahí adentro también se irriga sangre, y esa sangre tiene un pulso que puede condenarlo todo a la desgracia o a la fortuna de una presencia saludable. Es exactamente igual que un cuerpo, puede resultar atractivo o repugnante. Vanidoso. Lastimero. Arrogante. Discreto. Mórbido. También los hay siameses, pero con dos cuerpos en lugar de dos cabezas, como aquel que apareció retratado en Free jazz, el icónico disco de Ornette Coleman. Como sea, en el fondo de su belleza o su fealdad, apenas cubriendo a la sangre de glóbulos nocturnos que lo caracteriza, está la batería que marca la sístole y la diástole de su paso por el mundo.

 

Kenny Clarke, siguiendo los aportes de Jo Jones, descubrió que la batería podía seguir siendo una base sólida pero espontánea en cualquier formato grupal. Desde entonces el cariz de su sonido se volvió fundamental para entender el desarrollo de toda la evolución jazzísitica desde los años cuarenta hasta la fecha. Ataviada de polirritmias, ataques intempestivos al bombo y el traslado del pulso al ride, la batería comenzó a constituirse como un instrumento con voz autónoma en cuya orquestación se podía entretejer el ritmo más como un contrapunto melódico que como un referente rítmico. Con aquella nueva libertad rondando entre los platos y los parches, la batería experimentó un auge inédito que hasta la fecha no ha dado muestras de llegar a su ocaso.

 

Sin embargo, con aquella expansión acelerada que significaban las nuevas posibilidades del instrumento, una pléyade de hábiles y arrogantes músicos comenzaron a ganar cada vez más presencia en el ámbito jazzístico. Aun ahora, es fácil encontrarse con bateristas que, ávidos de una constante innovación musical, sacrifiquen los matices del conjunto, la seguridad de los solistas y la solidez de la base rítmico-armónica en aras de reformular una vasta tradición de bateristas que, según piensan, ensombrece su prestigio artístico como artistas contemporáneos. Esta condición asegura, cada vez con más frecuencia, una clase de bateristas que imponen con rigor y látigo su perspectiva particular de entender la música, la interacción, y en el fondo de todo, la democracia. «Gendarmes» de la vanguardia y el buen gusto, suelen insistir en un amplio cúmulo de caprichos vinculados a su propio interés musical pues, argumentan, esta es la manera en la que se hacen las cosas hoy. Fruto de ello son erráticas versiones de «La chica de Ipanema» en compases con medidas compuestas como 7/11 o 5/8 y versiones de baladas tan introspectivas como «My funny Valentine» o «You don’t know what love is» ejecutadas a velocidades de Fórmula 1.

 

Derivado de esto, una vieja virtud de los bateristas debe destacarse para valorarlos desde aquel temprano medio siglo hasta la fecha: su capacidad de mediar entre la inventiva personal, la noción de grupo y la gratitud frente a la música. Y tal vez uno de los mejores representantes de este inusual modelo de baterista de jazz sea Alberth «Tootie» Heath.

 

Ceñido a una implacable ética que lo lleva a establecer vínculos profundos con cada uno de los proyectos en los que se involucra, no solo como líder, sino como acompañante, Tootie Heath ha sorteado los avatares que implica acompañar músicos tan potentes y disímiles como John Coltrane en Coltrane (1957) y Dexter Gordon en More Power! (1969). Del mismo modo que adaptarse al tamiz aterciopelado que oscilaba entre el cool jazz y el hardbop enarbolado por Benny Golson en Take a number from 1 to 10 (1961) o el hardbop con aires de funk en The incredible jazz guitar of Wes Montgomery junto a su hermano Percy Heath (1960).

 

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Cada uno de sus más de cincuenta discos le ha exigido a Tootie penetrar en las fronteras movedizas del jazz que se mueven, incansables, según la habilidad y sensibilidades de los músicos que conforman cada proyecto. Y sin embargo, Heath escucha, colabora y construye a partir de las posibilidades de quienes lo rodean. Y conserva su identidad pese a todos los cambios, aunque pase de las escobillas a las baquetas, aunque tenga que acompañar una balada melancólica como «Cry me a river» o un blues en Medium tempo como «D-natural blues». Pero no hay que engañarse, la característica de Heath no es la versatilidad en sí misma, sino como ya he dicho, la gratitud frente a aquellos con quienes ha construido el reino invisible de la música, una de las pocas cosas que todavía le quedan intactas a sus ochenta años.

 

Y la evidencia se haya en un concierto disponible en internet. Tootie Heat toca a trío junto a David Wong y Jeb Patton en el Dizzy’s Club. El concierto deambula entre piezas swing de tiempos medios y otras con aire latino, el público está enganchado. Además de la impecable ejecución del trío, es el cumpleaños número ochenta de Tootie. No hay nada más que hacer que continuar hasta el final y cerrar, triunfal, aquella presentación que será grabada para la posteridad. Durante el minuto veintiséis entra el invitado especial. Delgado y frágil sale de las sombras con su traje gris, casi negro, y saluda al público con los brazos en alto, es Jimmy Heath, el hermano mayor y el mentor del baterista. Tootie, con sus ochenta años, sus más de 50 discos encima, y sus colaboraciones con toda la historia del jazz desde el medio siglo hasta la fecha, le da las gracias y le llama «mi maestro».

 

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El Centro de Estudios de JazzUV lamenta profundamente la crisis de salud de Albert «Tootie» Heath y le desea una pronta recuperación, pues la ilusión de contar con su presencia en ediciones futuras seguirá tan vigente como la música que ha construido en todos estos años.

 

Este artículo fue escrito por Diego Salas, ilustrado por Mario Alberto Hernández (Eme de Armario) y patrocinado por el Festival Internacional JazzUV, encuentro de música jazz –iniciativa original de la Universidad Veracruzana– cuya séptima edición se celebró del 21 al 25 de octubre en la ciudad de Xalapa.

¿Te gustó el artículo? Agradece al festival JazzUV por hacerlo posible. Twitter: @FestivalJazzUV. Ellos lo apreciarán y nosotros también.

 

Acrobacias de la supervivencia cultural: Festival JazzUV

Los efectos de la guerra de precios librada entre Canadá y Arabia Saudita comenzaron a hacer eco en la economía mexicana a mediados de 2015. En menos de cuatro meses, el dólar se disparó de los catorce a los diecisiete pesos por unidad, muy a pesar de los esfuerzos de Banxico –poco higiénicos en materia económica– por desacelerar su sobrepreciación mediante subastas diarias de 200 millones de dólares. Desde entonces continúa la estrategia de contención, relativamente efectiva, pues la estabilidad de la moneda sigue dependiendo del dinero circulante inyectado al mercado, lo que puede ocasionar, de un momento a otro una megainflación similar o peor a la que tuvo lugar entre 1994 y 1996 durante la administración zedillista.

 

En este panorama, el gobierno federal ha encontrado un punto sólido para justificar el recorte presupuestal a las áreas de educación y cultura. Dicho recorte llegará a su cúspide con la disminución de casi mil millones de pesos en los presupuestos de la UNAM, el IPN, el COLMEX y UAM, sin contar lo que se reste al presupuesto de las demás universidades públicas en el país. Adicionalmente el CONACULTA desaparecerá y será sustituido por una nueva Secretaría de Cultura, órgano que, que en palabras del propio presidente de la República, tiene como objetivo «aminorar los gastos en esta área».

 

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Para cualquier gestor cultural en este escenario, aceptar la encomienda de realizar un festival que por lo menos llene las expectativas de su edición anterior –pero con la mitad del presupuesto– es un acto suicida o de admirable determinación. Es justo eso lo que ha sucedido con el Festival Internacional JazzUV 2015.

 

Para subsanar las debilidades operativas que representa la nueva limitación financiera, los organizadores del festival han optado por una cartelera que, si bien no alcanza los niveles de impacto mediático de otras ediciones, sí cumple con creces los estándares de calidad, tanto por los músicos invitados, como por el hecho de que estos se presentarán con sus alineaciones originales y no con ensambles conformados por los músicos anfitriones. Lo anterior resulta relevante por que es una situación inédita y, naturalmente, provechosa, pues el desempeño artístico de un músico está vinculado íntimamente a la relación con sus agrupaciones. En el jazz, esta condición se acentúa por el factor de la interacción orgánica, sustrato medular de la improvisación. En este terreno todos los elementos son cruciales en la definición final de la música, desde la nitidez del sonido hasta la manera de frasear o la concepción armónica que cada músico tenga en particular. Por esta razón, no es lo mismo escuchar a un solista acompañado por un grupo ensamblado repentinamente que oírlo con su grupo de base. Aun cuando los acompañantes alcancen la misma calidad técnica y artística, el diálogo entre dos viejos amigos es mucho más fluido que el que puede darse en entre dos personas desconocidas que se acaban de conocer, aunque estas sean simpatiquísimas.

 

Por otro lado se encuentra el compromiso pedagógico pactado con los invitados especiales. Por ejemplo, inmediatamente después de concluido el taller que Richard Sears impartirá para los alumnos de JazzUV, el grupo realizará un concierto aplicando las enseñanzas previas, de tal manera que la inmediatez con la que se presentarán los resultados del trabajo sirva para ajustar, con Sears presente, todas las posibles lagunas que puedan llegar a aparecer.

 

La cartelera del festival puede defenderse por sí misma ante las acusaciones de «carecer de relevancia» o «espectacularidad», pues está enarbolada por dos punteros musicales en el jazz. El primero forma parte de una tradición que se remonta a la década de los cuarenta y a la fecha sigue vigente, se trata de Albert «Tootie» Heat cuya discografía incluye a músicos como John Coltrane, Dexter Gordon o Wes Montgomery. El segundo puntero musical es Orlando «Maraca» Valle y sus Latin Jazz All Stars, que a la presunción del título, ostenta una alineación que puede soportar ese dejo superlativo con solo tomar de ella a Giovanni Hidalgo, Horacio «El negro» Hernández y Mario Canonge, aunque cabe aclarar que el resto de la agrupación mantiene una trayectoria internacional que alcanza los 20 años de trayectoria internacional.

 

La invitación de agrupaciones nacionales, como la de Héctor Infanzón, Gerry López y Héctor Rodríguez Agustín Bernal Quartet, también representa un importante referente sobre la vida jazzística del país en cuanto a los estándares que buscan alcanzar y la dirección en la que se orientan los proyectos contemporáneos. La presencia del LaFaro Jazz Institute, la Escuela Superior de Música del INBA y la Universidad Veracruzana constituyen un amplio panorama de la base sobre la están emergiendo los nuevos proyectos musicales de nuestro entorno. En este sentido, la cartelera del festival JazzUV representa un sólido esfuerzo didáctico para los estudiantes de jazz en el país, así como una muestra completa para el público general que desee conocer a grandes rasgos lo que ocurre en este terreno a nivel nacional e internacional desde dos ejes paralelos: la fusión –con énfasis en el latin jazz– y la escuela tradicional –que abarca especialmente el estilo hardbop y postbop–.

 

Habría que aclarar que buena parte de las acrobacias de supervivencia que tuvieron que hacer los gestores de la actual edición del festival consistió en la consecución de fondos, sin los cuales hubiera sido imposible sacarlo a flote. La mayor parte de estos fondos provinieron de empresarios locales y el resto de fondos federales manejados todavía por CONACULTA en colaboración con el IVEC. La acrobacia fue un acto arriesgado debido a la reciente tensión entre la Universidad Veracruzana y el gobierno del estado de Veracruz. Este festival es un proyecto cuyos alcances oscilan en la delgada frontera entre la reconciliación diplomática y el rompimiento político.

 

Este artículo fue escrito por Diego Salas, ilustrado por Mario Alberto Hernández (Eme de Armario) y patrocinado por el Festival Internacional JazzUV, encuentro de música jazz –iniciativa original de la Universidad Veracruzana– cuya séptima edición se celebra del 21 al 25 de octubre en la ciudad de Xalapa. Consulta la cartelera del Festival Internacional JazzUV en su sitio web.

 

¿Te gustó el artículo? Agradece al festival JazzUV por hacerlo posible. Twitter: @FestivalJazzUV. Ellos lo apreciarán y nosotros también.

 

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Introducción

Lxs editorxs de la revista nini compartimos algunas ideas con las agendas radicales de la escritura del español y al redactar hace poco la carta editorial para la nini número 6, decidimos hacer uso de la letra «x» en vez de las vocales, de tal manera que quedara claramente marcada una indefinición de género (nosotrxs, compañerxs, editorxs). La grafía en cuestión, bautizada como «la postura ‘x’» por nuestro asiduo colaborador y esporádico corrector de estilo Lalo Santos, es un claro préstamo del anarquismo feminista contemporáneo cuyas escribientes suelen redactar así.

 

Nuestra decisión enfrentó una férrea resistencia al interior del Departamento de Publicaciones del Ivec (es curioso, porque el número en cuestión estaba dedicado, precisamente, a la tradición)1. Decidimos ceder. Para agilizar el proceso y también porque, por un momento, la firmeza de la postura del Departamento nos hizo trastabillar. Nos movió el piso.

 

El siguiente texto es la segunda parte del debate. Propuse a Lalo Santos que lo escribiéramos juntos, pues supuse que le interesaría participar en la discusión. Lalo había escrito un artículo en la nini 5, se titulaba «Ke nadie se kede fuera». En el texto apuntaba sus baterías contra la ortografía en el español, acusándola de servir como barrera de clase. Un muro arbitrario sin más función práctica que diferenciar al letrado del iletrado, al erudito del ignorante, al académico de la chusma.2

 

Antes de cerrar esta breve nota y en afán de que quede claro, quiero revelar el final del siguiente artículo: no pretendemos instituir una grafía única, simplemente defender una manera particular de expresión escrita. La postura «x» puede ser extraña y fea, pero es mucho más incluyente que la forma de escribir avalada por las instituciones lingüísticas actuales.

 

Jerónimo Rosales

 

LXS CONSERVADORXS SIEMPRE CREERÁN QUE SON MODERADXS: EL DERECHO A ESCRIBIR CON «X»

 

El 4 de marzo de 2012, Ignacio Bosque, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, publicó en el diario español El País un extenso artículo titulado «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer». En este, Bosque refutó numerosas «guías de lenguaje no sexista» editadas por diversas instituciones del mundo hispanohablante.3

 

Bosque abría su artículo con una puntualización importante: la mayor parte de las guías que refuta fueron escritas sin la participación de los lingüistas. Sus autores, señala Bosque con aparente incomodidad, «parecen entender que las decisiones sobre todas estas cuestiones deben tomarse sin la intervención de los profesionales del lenguaje». Lo que Bosque hace con esta sentencia es desdeñar las posibles soluciones a un problema que va más allá de lo lingüístico tan sólo porque estas surgen en un entorno no académico. Como si los especialistas fueran los únicos capaces de tomar decisiones y los hablantes tuviéramos que esperar pasivamente la posición oficial.4

 

Bosque, sin embargo, acierta en dos puntos. Primero, cuando sostiene que es discutible que la evolución del lenguaje dependa de la decisión consciente de los hablantes o que se pueda controlar con normas de política lingüística –como pretenden las guías en cuestión o la misma Real Academia Española (RAE)–. Y después cuando indica que las guías «no están adaptadas para el lenguaje común» –y es que algunas pueden caer en rebuscadas fórmulas–. Cierto, los manuales pueden ser trampas, pero eso no resta fuerza a su propuesta general: la búsqueda de un lenguaje más inclusivo. Estos manuales son síntomas: hay un sector de los usuarios del español, cada vez más amplio, que demanda y busca nuevas formas de expresión. De manera accidental, la dura crítica de Bosque a las guías no hace más que posicionar el uso de la «x» como la alternativa más viable para el lenguaje no sexista.

 

La larga historia del español escrito nos ha enseñado que las instituciones lingüísticas son necesarias. Una de sus funciones es la de recetar herramientas y criterios fundamentados para la presentación de textos escritos que puedan ser comprendidos a cabalidad. Pero en el ámbito personal hablamos y escribimos como las circunstancias de nuestra realidad nos lo permiten. Los usuarios (y las instituciones lingüísticas) estamos inmersos en la relación entre lengua y realidad: la lengua conforma una realidad que afecta a la lengua que hace realidad.

 

La brecha entre las instituciones y la realidad lingüística es grande.5 El lento armatoste institucional que examina con sigilo los cambios en el español no está obligado a ir a la velocidad de los usuarios –e integrar cambios probablemente efímeros–. Tampoco los usuarios debemos subyugarnos a los designios de la prescripción. Las instituciones no rigen sobre nuestra lengua, sino que forman parte de esta: se puede vivir simultáneamente bajo la comodidad del armatoste y en la ebullición caótica de las mutaciones.

 

*

 

El uso de la «x» es, primordialmente, una postura social. La «x» funciona como un signo para indicar la existencia de lo masculino y lo no-masculino. Así, la lengua sirve de trinchera para exhibir la inequidad de género existente en nuestra sociedad, a la vez que indica un grado de reflexión sobre el tema. Se trata de un asunto meta y extralingüístico. Y aquí quizá su mayor logro y debilidad.

 

Al expresarse mediante la escritura, la postura «x» tiene un margen de acción cortísimo por el momento (pero, ¿qué pasaría, imaginemos, si aparecieran anuncios espectaculares con una frase como «Todxs somos México» o una serie televisiva titulada «Vecinxs»?). Esta artificialidad es un logro. Una estridente toma de conciencia acerca del poder que el usuario tiene sobre su lengua. Es decir, quien escribe «todxs» no sólo está transformando el discurso, sino su propia realidad.

 

La naturaleza extralingüística de la postura «x» es blanco de descrédito por parte de sus detractores y críticos. Entre las descalificaciones destaca, por incongruente, aquella que postula que en la lengua no se deben librar las batallas propias de la «vida real». Bosque hace eco de esta postura al decir en su informe que «somos muchos –y muchas– los que pensamos que la verdadera lucha por la igualdad consiste en tratar de que esta se extienda por completo en las prácticas sociales y en la mentalidad de los ciudadanos. No creemos que tenga sentido forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad».6 Esta posición parece concebir la lengua como un espacio libre de los problemas de la vida cotidiana y ajeno a los conflictos sociales. Pero la realidad es otra: la lengua es un arma, un vehículo para ejercer control o resistir ante el dominio.

 

La mayor duda que surge ante la postura «x» tiene que ver con su pronunciación. Verbigracia, ¿cómo se pronuncia la palabra «compañerxs»? Dado que está pensada para actuar primordialmente en el ámbito gráfico, su lectura en voz alta no tiene aún una forma establecida. Se han adelantado dos respuestas, la primera continúa por la ruta de la indefinición de género: se pronuncia «compañeres».7 En este caso, la «x» se yergue como un signo permanente de neutralidad de género. La segunda respuesta hace que la pronunciación sea opcional y varíe de acuerdo a la persona que la articula:

 

«compañeras», «compañeras y compañeros», «compañeros y compañeras», «compañeros», etc. Como sea, y sin querer desviar mucho la atención, preguntamos, si en el sistema de escritura del español se tiene una letra «muda», ¿qué tan válido es descalificar esta propuesta únicamente por no tener certeza de su pronunciación? Que la «x» hable todo lo que quiera.

 

La postura «x» ha sido objeto de numerosas críticas infundadas. De entrada están quienes tachan a sus partidarios de tontos, iletrados e ineptos («qué se puede esperar de gente tan iletrada», se preguntaba uno en una discusión en línea). A ellos no vamos a replicar, consideramos indispensable elevar el nivel de la discusión y dejar las descalificaciones personales a un lado.

 

Una crítica adicional aparentemente mejor sustentada, es aquella que acusa de flojos y perezosos mentales a quienes eligen esta opción. Estos críticos sostienen que el problema se puede solucionar utilizando vocablos abstractos (niñez, juventud, ciudadanía) o de género indefinido (oficinista, poeta, periodista).8 Es cierto que esta es una manera más compleja de abordar el fenómeno, pero es también una forma de sacarle la vuelta. Escribir «comunidad» en vez de «pobladorxs» es sortear el problema y evitar la discusión de fondo que la postura «x» busca promover. El uso de la «x» modifica radicalmente nuestra manera de enunciar porque, lejos de eludir la discriminación en el lenguaje, la elimina totalmente.

 

Algunas burlas a la postura «x» se basan en la supuesta imposición de la grafía «x» y su uso indiscriminado. No es así. Cada quién es libre de pensar, hablar y escribir como sus circunstancias le permitan. Estas burlas parten del desconocimiento de las bases de la postura «x», que son claras: usar la lengua como herramienta de cambio social, reconocer la mixtura sexual en un grupo humano e indicar la postura que se tiene ante la inequidad de género. Es una forma de explicitar la conformación de los grupos a los que se hace referencia. Obviamente, si un conjunto de estudiantes está compuesto únicamente por varones o mujeres, no vemos inconveniente alguno en indicar «los alumnos» o «las alumnas» respectivamente. Pero, cuando no ocurre esto, cuando el grupo es mixto, «lxs alumnxs» es una opción viable y creativa que indica la diversidad del grupo. Así pues, lo que se propone no es una sustitución indiscriminada de grafías, sino una acción reflexionada.

 

*

 

Somos conscientes de la utilidad de las instituciones y sus normas, pero si estas no dan respuestas a las necesidades actuales, las soluciones vendrán de manera natural de los usuarios. También nos queda claro que la lengua es contenido y continente de la realidad social. Es por eso que ante el problema de representación de género no queremos cruzamos de brazos sino buscar alternativas. Sería bueno que aquellos que tanto aprecian los dictados de la RAE, ayudaran a socializar el conocimiento entorno al lenguaje no sexista, en vez de reforzar las estructuras existentes sin dar cabida a más opciones. Es más fácil asirse a una certeza que dar un salto de fe lleno de posibilidades.

 

La oportunidad de reflexionar sobre nuestra lengua y sus componentes (usuarios, instituciones, herramientas, materia prima, etc.) no debería entenderse como una tontería, un capricho o una simple estridencia. No callemos el poder de nuestra lengua sólo por miedo a parecer tontos o «iletrados». Esperar a que las instituciones aprueben un uso particular del lenguaje para justificarlo es asumir que hacer política (lingüística, en este caso) es tarea exclusiva de las instituciones, evadiendo nuestra responsabilidad en este asunto. Debemos reconocer y ejercer el poder político que tenemos como personas de a pie. La forma vulgar, iletrada, ignara o subversiva de usar la lengua será siempre una oportunidad y no una aberración.

 

Lalo Santos y Jerónimo Rosales

 

1 Es necesario aclarar que si bien el proceso de corrección editorial entre la revista nini y el Departamento de Publicaciones del Ivec puede ser tenso, se ha caracterizado en todo momento por ser una negociación franca y respetuosa (salpicada generalmente de bromas en afán de romper la tensión inherente al proceso). La revisión editorial de la nini 6 no fue una excepción. Ambas partes nos involucramos en la implacable negociación sobre puntos, comas, cursivas y comillas sabiendo que el objetivo es ganar–ganar.
2 Gerardo Santos, «Ke nadie se kede fuera», revista nini, núm. 5, año II, enero-marzo 2015.
3 Ignacio Bosque, «Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer», El País.
4
Un atinado comentario que suscitó la publicación de Bosque: «Los firmantes [...] en vez de sesgar su posición hacia la descalificación global de las guías [...] hubieran contribuido con su sabiduría a mejorar el conjunto de las [mismas], cuya intención era [...] dar mayor visibilidad a la mujer en la realidad, no en el idioma». Pedro Reyes, «Lenguaje sexista y RAE (el árbol que no permite ver el bosque)», Rebelión, 9 de marzo, 2012.
5 Y también es grande la brecha entre instituciones y realidad social. No es de sorprenderse que en la RAE se critique los manuales de uso no sexista del lenguaje en vez de proponer soluciones. De sus 44 académicos, solo 7 son mujeres.
6 Las cursivas son nuestras. Argumentos gemelos: «la equidad de género no tiene nada que ver con el uso del lenguaje», «la equidad se tiene que dar en la vida, no en los textos» y «usar ‘x’ o ‘@’ no hará que desaparezca la violencia sistemática que padece el género femenino».
7 Caossexual, «NosotrXs (breve anotación sobre el uso de la X)», en el blog Analquismo, Junio 24, 2014, consultado el 4 de agosto de 2015.
8 Por ejemplo, Yadira Calvo en esta entrevista.

 

Perderse en lo mismo. Encontrarse en lo mismo

Hacer una revista impresa es tardado. El ritmo de edición, diseño, producción y distribución de un número de la revista nini es lento y accidentado, pues depende del trabajo coordinado de muchas personas e instituciones. Esto nos había mantenido al margen de las noticias de actualidad. Estábamos fuera de la jugada: no podíamos publicar primicias y nunca tuvimos la primera nota, el pase directo, la cobertura en vivo. Hasta ahora.

 

El nuevo blog de la revista nini nos permitirá compartir textos, notas y artículos novedosos. Esta plataforma llega de la mano del sitio web revistanini.mx, catálogo virtual de la producción editorial y espacio para la difusión de la convocatoria.

 

1. La sección especiales de este blog será el escaparate de contenido novedoso. En ella publicaremos reseñas y críticas inéditas relacionadas con los acontecimientos del momento. De momento esta sección la inaugura Diego Salas con una serie de artículos sobre el Festival JazzUV. 2. Bajo la etiqueta editorial publicaremos nuestros caprichos. Colgaremos entregas periódicas sobre nuestras influencias, reflexiones personales, vistazos al proceso de elaboración de la revista y planes a futuro. 3. Finalmente, consciente de la creciente hipertextualidad en el internet, la categoría revista publicará algunos de los textos que han aparecido en la versión impresa de la nini y aprovechará las herramientas de la web para insertar videos, música, fotografías o hipervínculos a otros destinos virtuales.

 

Seguimos amando el papel, de manera que la nini continuará existiendo en su versión impresa, con sus grandes pliegos y complicados dobleces. La presencia en la web y el blog no son más que una expansión de este pequeño proyecto editorial. Con estos nuevos espacios buscamos acercarnos de otra forma a nuestros colaboradores y lectores. Bienvenidos, disfruten la lectura.

 

Erandi Adame y Jerónimo Rosales


Editores

 

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