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Yo no fui a la marcha

Esta reflexión de Lalo Santos fue publicada el 8 de marzo del 2016 y generó numerosas reacciones. Entre ellas, el artículo de Diego Salas titulado «Marchar y lo que le sigue», publicado en esta misma revista al día siguiente, 9 de marzo.

 

Iba a ir a la marcha, pero un sentimiento de hipocresía invadió mi cuerpo. Luego de meditarlo un poco, decidí que el mayor acto de coherencia que podría ejecutar era quedarme en casa a leer un poco y escribir esto.

 

¿Por qué ir a esta marcha? Seguramente, alguien que sí fue contestaría que «es necesario defender a la Universidad Veracruzana de los ataques de este gobierno». ¿Por qué «defender» ahora a la UV y no hace un año, hace dos? «Porque nunca como ahora se había puesto en riesgo el futuro de la Máxima Casa de Estudios», contestaría alguien más que también fue a la marcha. Respuestas acertadas que no llegan a la médula de mi duda: ¿por qué permanecimos inactivos tanto tiempo, por qué hemos permitido que se desmantele el sistema educativo del país, por qué siempre tapamos el pozo después de ahogado el niño, y el sol con un solo dedo? ¿Una marcha puede desencadenar una solución favorable? Y después de la marcha, ¿qué? ¿Unas chelas, un café?

 

¿Por qué hemos permitido que se desmantele el sistema educativo del país, por qué tapamos el pozo después de ahogado el niño?

 

Una marcha es una masturbación multitudinaria: hacemos pancartas, gritamos ingeniosas frases, sentimos —en el mejor de los casos— que estamos haciendo algo por «el bien de la sociedad». Llegamos a un éxtasis —en el mejor de los casos— y después a limpiar el desorden, a recoger las cartulinas, a olvidar las consignas, a modular la voz. Lentamente se retraen los pensamientos más altos y dignos que durante la marcha nos ocupaban el pecho. Fin del mitin, fin de la masturbación. Aquí se rompió una taza, cada quién para su casa. Ya hice mi acción del día, ya puedo dormir en paz. El receptáculo de la cotidianidad es el mejor sitio para las utopías. No tiene que pasar siquiera un día para que, de forma pasiva, fortalezcamos aquello en contra de lo cual marchamos. Las marchas, hoy en día, como acción revolucionaria, bien pueden clasificarse dentro de la misma categoría en la cual se encuentran el «me gusta» o el «compartir» de Facebook.

 

Fin del mitin, fin de la masturbación. Aquí se rompió una taza, cada quién para su casa. Ya hice mi acción del día, ya puedo dormir en paz.

 

Como toda masturbación, una marcha es sólo un aplazamiento, un desfogue rápido y práctico: cinco minutos bajo la regadera me ahorran el trabajo de seducir —o pagar— para tener un contacto sexual. Es el olvido consciente de la perenne inmovilidad. Así, en buena medida, las marchas, más que un vehículo de protesta, manifiestan el grado de sofisticación al cual pueden llegar los métodos de manipulación. No quiero pasar por «conspiracionista», es muy sencillo: somos tan perezosos que creemos que con marchar ya hemos resuelto el mundo, luego de la marcha el espíritu revolucionario se diluye, y después, ¿unas chelas?

 

Un sentimiento de contradicción me embargó, por eso no fui a la marcha. La UV es una institución (desde mi burbuja de la Facultad de Letras) cuyo impacto positivo, no sólo en Veracruz, sino en buena parte del sureste, es palpable. Creo que nadie en su sano juicio pondría en duda la validez de respaldar a esta institución educativa. Es el cómo y el cuándo los que me levantaron inquietudes. Soy pesimista: una sociedad que permite a individuos tales como Fidel Herrera y Javier Duarte controlar el gobierno, ¿será capaz, ya no de fortalecer, sino siquiera de cuidar una institución como la UV? ¿Qué significa la UV para el burócrata, para el policía corrupto, para un carterista, para la señora que vende empanadas en una colonia de la periferia de Xalapa? ¿Qué significan para mí los problemas de esas personas? No vayamos tan lejos, ¿qué significa la UV para el estudiante que entrega trabajos finales mediocres de un día para otro, que hace trampa en los exámenes, que llega tarde a las clases o muestra poco interés en ellas? ¿Qué significa la UV para todos aquellos que pueden ser los más aguerridos defensores de la educación durante dos horas, pero que el resto del tiempo toman una actitud pasiva en la adquisición del conocimiento, sin promover el intercambio verdadero de las ideas? ¿Es coherente marchar y continuar con aquellos vicios que socavan más a la universidad que la falta de presupuesto? Espero que esta marcha logre sus objetivos y que todos aquellos que participaron, como mínimo acto de coherencia, defiendan a la universidad desde la universidad.

 

Creemos que con marchar ya hemos resuelto el mundo, luego de la marcha el espíritu revolucionario se diluye, y después, ¿unas chelas?

 

Lo que hacemos u omitimos, la actitud que tenemos frente a los otros, el grado de responsabilidad que asumimos como elementos de la sociedad repercuten en el sistema político que tenemos y mantenemos. No quiero decir, como ya lo dije, que las demandas de la UV se puedan desestimar, ni tampoco quiero caer en el absurdo de afirmar que solo aquel que esté libre de pecado puede arrojar la piedra (esto conduciría a un silencio acrítico). Cualquier individuo tiene el legítimo derecho de exigir que el gobierno haga bien las cosas. Pero no podemos señalar los defectos de aquel sistema –del cual somos parte– sin realizar una autocrítica. Si somos capaces de marchar un día, por unas cuantas horas, creo que podremos ser capaces de transformar esa marcha en algo más que una masturbación esporádica, una salida fortuita y breve del corral. ¿Podremos hacer que cada día de nuestra vida sea una verdadera manifestación de coherencia entre lo que pensamos –o decimos pensar– y lo que hacemos? ¿Convertiremos esa marcha en una acción genuina para vivir en la universidad que deseamos vivir?

 

Lalo Santos

 

  • Itz Gllrdo

    ¿Que propones? Yo soy de Tamaulipas, y vivi en Veracruz algun tiempo, estando en Tamaulipas me entere de lo que ocurria en la UV por medios de comunicacion que ante la gran asistencia a la marcha, no pudieron ocultarlo.
    Estando en un estado como Tamaulipas, en el cual, me doy cuenta que la unica manera en que se difunda una noticia que vaya en contra del gobierno, es que no se pueda ocultar.
    Quizas en tu burbuja no te dabas cuenta, pero se habia mantenido con discrecion el asunto de la UV, hasta que ocurrio la marcha.
    Tu propuesta es algo ambigüa, ¿a que le llamas «acción genuina»?

    • Lalo Santos

      Sólo digo que con marchar no basta. ¿Qué propongo? Que cada alumno (esto se trata de los alumnos, desde donde puedo hablar) se preocupe por las necesidades de su salón, de su facultad, de su unidad, de su Universidad, de su ciudad. Que nuestra mirada no se quede en la emergencia, en resolver únicamente lo urgente.

      Es un plan a largo plazo, espero que podamos ser constantes en esto, porque si queremos cambios profundos debemos saber que no se dan de la noche a la mañana.

  • Carlos

    «Ay ay ay no voy a la marcha por que se debió haber hecho hace mucho tiempo y ahora ya es muy tarde»

    ¡Qué pusilánime! Quédate chaqueteándote en tu casa…

  • Tlajaná Suárez

    Te resumo tu texto en una frase: «No fui a marchar por que no me parece que la gente tenga trabajo o tareas o actividades que hacer y no pueda estar 24/7 concentrada en quejarse y quejarse y quejarse de todo como yo, se pasan :(«.

  • Jaco Valencia

    El texto es reiterativo, tiene un punto que es constante en este tipo de acciones pero creo que la analogía sexual tan insistente es muy vulgar y poco acertada, quizá intentas incomodar para impactar, pero creo que lo que logras es distraer del punto que intentas exponer, al final es un texto criticón y poco propositivo.

  • Mirthza Aguilar Ye

    Hay una cita bíblica que no deja de ser una gran verdad «de la abundancia de tu corazón hablara tu boca» entiendo lo que intentas comunicar, pero leyendo entre lineas te delatas solo, cuestionas la congruencia de quienes participamos en la marcha dando por sentado que pertenecemos a esa sociedad mediocre de los trabajos copiados, la mordida y «la chela», que hayas decidido no ir a la marcha es porque aceptas tu pertenencia a ese grupo, pero hablemos quienes aunque no vivamos «intenseando» todo el tiempo, vivimos altos estándares morales y éticos acordes con nuestra condición de formadores y como cualquier vendedor te puede decir, la mejor manera de «vender» estos estándares es vivirlos, creer en ellos y actuar en consecuencia, saludos, sacudete la flojera, la apatía y deja de justificarte

    • Lalo Santos

      Si cuestiono la congruencia muchos de los que vamos a una marcha de este tipo es por una sencilla razón: si hubiéramos estado más atentos a los asuntos de la UV desde hace dos o tres años, por lo menos, ¿estaríamos hoy en esta situación?

      Creo que promover el intercambio de ideas, la discusión, la crítica y autocrítica, es un buen comienzo para sacudirme la flojera y la apatía.

      Saludos.

      • Guillermo Delgado Becerril

        Tu comentario y reflexión en general me parecen de lo más tristes. Triste que pienses que eres bien reflexivo y «diferente» por pensar que no vas a la marcha por congruencia, porque no estuviste activo desde siempre y entonces no eres el gran purista que debe levantarse siempre a toda marcha, a toda reunión, a toda asamblea, a toda actividad colectiva y de reflexión.

        Sólo te recuerdo que las tesis puristas son ya una formula muuuuy desgastada de la contraretórica, donde cualquier que no cumpla con los requisitos puros del ser perfecto no puede ni apoyar ni contrariar causa alguna.

        Bastante mediocre en general. Para el despertar de la razón el humanidad se vivió la edad media y no, la reflexión la hacen seres imperfectos que con su aportación hacen algo mucho más grande que ellos, no interesados en su periferia, su casita o su escuela, se piensa en grande y se debaten los temas como sociedad, y no porque no sea estudiante de la UV, no puedo hablar del tema, apoyarlo o censurarlo. De nuevo tu retórica es de agachón pseudopurista que sólo propone la racionalización del no hacer nada.

  • Gustavo Vega

    masturbaciones literarias, mejor dicho.

  • Uriel Semper

    Hola, Lalo. Me gustaron mucho tus reflexiones sobre este tema. En general, comparto tu opinión y creo que todas las voces deben ser escuchadas.

    Yo tampoco fui a la marcha, porque trabajo, no pude y vivo a tres horas de Xalapa. Tal vez de haber estado ahí tampoco hubiera ido. Si decimos que las marchas son una masturbación multitudinaria digamos pues que vivimos en un país de chaqueteros, y que yo soy uno de ellos (y tú también porque con riesgo a equivocarme, si lo hago corrígeme por favor, me doy cuenta que sabes de lo que hablas y supongo que tienes conocimiento de causa).

    Ahora bien, sabemos que históricamente hay masturbaciones multitudinarias que han dado hijos, me refiero a victorias, conquistas. Hay cosas que se han ganado de esa manera y nadie le ha regalado nada a la gente, lo que digo es que en ocasiones, es el camino.

    ¿En cuántas marchas estuve yo y nadie, ni profesores, ni la rector o rectora, ni autoridad educativa alguna se paró a mi lado a solidarizarse con mi causa y la de otros estudiantes? He visto cómo la Universidad ha dado la espalda a sus estudiantes cuando más apoyo requieren. Pero vamos, no me quedo en el pasado ni recrimino que ellos no estuvieron cuando yo y muchos, muchos estudiantes más les necesitamos (no digo que tú lo hagas).

    (Nota: Nunca me tocó que después de una marcha fuéramos por un café o una chela, al contrario, era más trabajo, más responsabilidades. No sé quién puede quedar con el ánimo de chelear luego de estar todo el día en marcha por varios días. Y si se armó alguna vez, mi banda no me invitó, pero bueno, no importa. No metamos a la chela en esto, la chela no tiene la culpa. Entiendo el punto: «regresamos y no hacemos nada después o al menos nada trascendente», sin embargo, no al menos desde mi experiencia y ojalá éste tampoco sea el caso, ojalá regresemos a nuestra casita a dormir y la consciencia nos diga que no es suficiente).

    Comparto contigo, podemos hacer más, mucho más, agarrémonos bien los… argumentos y demandemos a gobierno lo que la Universidad se merece, y demandemos a la Universidad lo que los universitarios merecemos (la autocrítica es el comienzo).

    Finalmente, si mi opinión es importante para ti, como la tuya lo fue para mí, quisiera responder tus preguntas finales de la siguiente manera y que la tomes en cuenta: «Esforcémonos cada día porque así sea. En consecuencia, yo estaré en la siguiente marcha de tener lugar y estoy seguro que ahí podríamos encontrarnos, y entonces sí, de tener ánimo te invitaría de mi botella de agua para que en coherencia con nuestros actos, nos cuestionemos desde adentro.»

    Saludos y sigue escribiendo. =)

    • Lalo Santos

      Así es Uriel, es cuestión de esfuerzo y constancia, de hacer lo mejor posible lo que se emprende, realizar pequeños cambios (como saber escuchar al otro y comprender sus ideas, aunque no las compartas); ese tipo de cosas de las cuales no puedes subir fotos al Facebook para conseguir «likes».

      Saludos y agradezco que te tomes el tiempo para compartir tus ideas.

  • Dan Pantera

    Leyendo algunas de los comentarios, me parece que tu punto no ha sido del todo comunicado como esperabas, Lalo. Sin embargo, creo que es clara y obvia la distinción a la que apuntas, a saber, que la marcha movilizó por más de un objetivo en paralelo, al menos el oficial (protestar en favor de la UV y demandar soluciones reales) y la así llamada «chaqueta de conciencia», siendo el segundo de estos objetivos un elemento no sólo extraño sino incluso contrario al objetivo oficial. La manipulación de las masas por medio de una marcha o de un personaje para «desfogar» pasiones y calmar las aguas, evitando así que explote la bomba, es un mecanismo rutinario de nuestras democracias tercermundistas que, para el caso de México, bien podríamos sospechar que le ha dado de comer a personalidades como la de Andrés Manuel Lopez Obrador y ha servido para recuperar la salud del paupérrimo mecanismo en crisis por el que opera nuestra así llamada «democracia».

    Una doble, triple o infinitésiple articulación de objetivos en un sólo fenómeno político no es algo nuevo, en todas las marchas a las que he asistido me han saltado a la vista individuos que, a juzgar por su conducta, estaban ahí como buscando satisfacer otro tipo de necesidades muy diferentes al «objetivo oficial» de cada una de esas marchas. Ahora bien, en el caso de la marcha de la UV, me da la impresión de que te parece insultante el que haya sido tan enorme, pues te da para sospechar el que muchos de los que participaron en la misma no estaban ahí por las razones, presumiríamos, indicadas, sino por otras: de lo contrario ¿dónde estaban todas esas personas en muchas de las otras marchas pasadas? ¿Y porqué brillan por su ausencia en todas las otras –pocas– trincheras de insubordinación ya existentes?

    Yo concuerdo contigo en lo anterior, pero creo que esperar la grandeza moral y el despliegue heroico de virtudes en una sociedad como la nuestra para por fin poder cambiar las cosas de la manera y por los motivos que debe ser resulta poco asequible. Por el contrario, tu reflexión aunque no lo propone eventualmente nos urge adoptar una perspectiva más bien estratégica: no son relevantes las razones por las que cada individuo en lo particular haya ido a esa marcha, lo importante es lo que esa marcha representa para las instancias de poder pertinentes, lo importante son las consecuencias que esa marcha pueda provocar. De ahí que las marchas «pacíficas» apelando a la racionalidad de los políticos no pocas veces les resulten motivo de risa.

    La gran pregunta que queda, entonces, es la siguiente: ¿Cómo evitamos que la marcha en lugar de conseguir aquello por lo que lucha sirva como un precopeo masivo? Para responder eso, debemos de antemano –o sea, antes de convocarla– saber con precisión en qué nos va a servir marchar para la consecución de nuestros objetivos y, para el caso que nos convoca, la respuesta a esa pregunta trascendental la debe tener Sarita y, a juzgar por su persona, no creo que la respuesta que pudiera darnos nos agrade.

    • Lalo Santos

      Gracias por tomarte el tiempo para compartir tus ideas.
      En estos días, y viendo los comentarios, me ha sorprendido la diversidad de posturas que este texto propició. Sea cual sea la lectura que se haga, creo que por lo menos un objetivo se ha cumplido: el de promover el intercambio de ideas.
      Pero no basta este intercambio. Creo que es preciso detenerse un momento para realizar un balance e indagar las causas por las que hoy estamos en esta situación —y así (lugar común que por común obviamos) no repetir los errores—, se hace imprescindible asumir las consecuencias posibles de nuestras acciones —no sólo el ir o no a una manifestación, sino también aquello que hacemos y omitimos dentro de la universidad y de nuestra sociedad—. Es necesario, pues, saber dónde estamos y hacia dónde queremos marchar.
      La autocrítica y la reflexión, como ya lo dije, no suelen ser tan populares y sus resultados regularmente no son ni inmediatos ni llamativos. Éstas no deberían de supeditarse a los momentos de emergencias, ni obedecer los tiempos electorales. Deben ejercerse todos los días, sin ambición de conseguir una grandeza moral que nos permita ser jueces de nuestro tiempo, sino más bien con la consciencia plena de que se está construyendo hoy un futuro en donde no se tenga que salir a marchar para pedir lo que es justo.

      • Dan Pantera

        De acuerdo.