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Acrobacias de la supervivencia cultural: Festival JazzUV

Los efectos de la guerra de precios librada entre Canadá y Arabia Saudita comenzaron a hacer eco en la economía mexicana a mediados de 2015. En menos de cuatro meses, el dólar se disparó de los catorce a los diecisiete pesos por unidad, muy a pesar de los esfuerzos de Banxico –poco higiénicos en materia económica– por desacelerar su sobrepreciación mediante subastas diarias de 200 millones de dólares. Desde entonces continúa la estrategia de contención, relativamente efectiva, pues la estabilidad de la moneda sigue dependiendo del dinero circulante inyectado al mercado, lo que puede ocasionar, de un momento a otro una megainflación similar o peor a la que tuvo lugar entre 1994 y 1996 durante la administración zedillista.

 

En este panorama, el gobierno federal ha encontrado un punto sólido para justificar el recorte presupuestal a las áreas de educación y cultura. Dicho recorte llegará a su cúspide con la disminución de casi mil millones de pesos en los presupuestos de la UNAM, el IPN, el COLMEX y UAM, sin contar lo que se reste al presupuesto de las demás universidades públicas en el país. Adicionalmente el CONACULTA desaparecerá y será sustituido por una nueva Secretaría de Cultura, órgano que, que en palabras del propio presidente de la República, tiene como objetivo «aminorar los gastos en esta área».

 

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Para cualquier gestor cultural en este escenario, aceptar la encomienda de realizar un festival que por lo menos llene las expectativas de su edición anterior –pero con la mitad del presupuesto– es un acto suicida o de admirable determinación. Es justo eso lo que ha sucedido con el Festival Internacional JazzUV 2015.

 

Para subsanar las debilidades operativas que representa la nueva limitación financiera, los organizadores del festival han optado por una cartelera que, si bien no alcanza los niveles de impacto mediático de otras ediciones, sí cumple con creces los estándares de calidad, tanto por los músicos invitados, como por el hecho de que estos se presentarán con sus alineaciones originales y no con ensambles conformados por los músicos anfitriones. Lo anterior resulta relevante por que es una situación inédita y, naturalmente, provechosa, pues el desempeño artístico de un músico está vinculado íntimamente a la relación con sus agrupaciones. En el jazz, esta condición se acentúa por el factor de la interacción orgánica, sustrato medular de la improvisación. En este terreno todos los elementos son cruciales en la definición final de la música, desde la nitidez del sonido hasta la manera de frasear o la concepción armónica que cada músico tenga en particular. Por esta razón, no es lo mismo escuchar a un solista acompañado por un grupo ensamblado repentinamente que oírlo con su grupo de base. Aun cuando los acompañantes alcancen la misma calidad técnica y artística, el diálogo entre dos viejos amigos es mucho más fluido que el que puede darse en entre dos personas desconocidas que se acaban de conocer, aunque estas sean simpatiquísimas.

 

Por otro lado se encuentra el compromiso pedagógico pactado con los invitados especiales. Por ejemplo, inmediatamente después de concluido el taller que Richard Sears impartirá para los alumnos de JazzUV, el grupo realizará un concierto aplicando las enseñanzas previas, de tal manera que la inmediatez con la que se presentarán los resultados del trabajo sirva para ajustar, con Sears presente, todas las posibles lagunas que puedan llegar a aparecer.

 

La cartelera del festival puede defenderse por sí misma ante las acusaciones de «carecer de relevancia» o «espectacularidad», pues está enarbolada por dos punteros musicales en el jazz. El primero forma parte de una tradición que se remonta a la década de los cuarenta y a la fecha sigue vigente, se trata de Albert «Tootie» Heat cuya discografía incluye a músicos como John Coltrane, Dexter Gordon o Wes Montgomery. El segundo puntero musical es Orlando «Maraca» Valle y sus Latin Jazz All Stars, que a la presunción del título, ostenta una alineación que puede soportar ese dejo superlativo con solo tomar de ella a Giovanni Hidalgo, Horacio «El negro» Hernández y Mario Canonge, aunque cabe aclarar que el resto de la agrupación mantiene una trayectoria internacional que alcanza los 20 años de trayectoria internacional.

 

La invitación de agrupaciones nacionales, como la de Héctor Infanzón, Gerry López y Héctor Rodríguez Agustín Bernal Quartet, también representa un importante referente sobre la vida jazzística del país en cuanto a los estándares que buscan alcanzar y la dirección en la que se orientan los proyectos contemporáneos. La presencia del LaFaro Jazz Institute, la Escuela Superior de Música del INBA y la Universidad Veracruzana constituyen un amplio panorama de la base sobre la están emergiendo los nuevos proyectos musicales de nuestro entorno. En este sentido, la cartelera del festival JazzUV representa un sólido esfuerzo didáctico para los estudiantes de jazz en el país, así como una muestra completa para el público general que desee conocer a grandes rasgos lo que ocurre en este terreno a nivel nacional e internacional desde dos ejes paralelos: la fusión –con énfasis en el latin jazz– y la escuela tradicional –que abarca especialmente el estilo hardbop y postbop–.

 

Habría que aclarar que buena parte de las acrobacias de supervivencia que tuvieron que hacer los gestores de la actual edición del festival consistió en la consecución de fondos, sin los cuales hubiera sido imposible sacarlo a flote. La mayor parte de estos fondos provinieron de empresarios locales y el resto de fondos federales manejados todavía por CONACULTA en colaboración con el IVEC. La acrobacia fue un acto arriesgado debido a la reciente tensión entre la Universidad Veracruzana y el gobierno del estado de Veracruz. Este festival es un proyecto cuyos alcances oscilan en la delgada frontera entre la reconciliación diplomática y el rompimiento político.

 

Este artículo fue escrito por Diego Salas, ilustrado por Mario Alberto Hernández (Eme de Armario) y patrocinado por el Festival Internacional JazzUV, encuentro de música jazz –iniciativa original de la Universidad Veracruzana– cuya séptima edición se celebra del 21 al 25 de octubre en la ciudad de Xalapa. Consulta la cartelera del Festival Internacional JazzUV en su sitio web.

 

¿Te gustó el artículo? Agradece al festival JazzUV por hacerlo posible. Twitter: @FestivalJazzUV. Ellos lo apreciarán y nosotros también.

 

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